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Carta nº6

Dibujo de carta

Maspalomas, 30 de Mayo de 2012.

Querida hermana:

Como tú sabes, ha pasado un año ya desde que los caritativos compañeros del departamento de Recursos “Humanos” de este ayuntamiento pretendieron retirarme de la circulación con la excusa de que había llegado a la edad de mi jubilación. Eso sí, sin pagar las cuotas atrasadas que deben a la S.S. y condenándome a la casi indigencia. Finalmente, no sé si por piedad o por temor a las escandalosas consecuencias, conseguí que me “concedieran” una prórroga hasta que cumpla los setenta. ¡Qué triste cosa es este asunto de la Administración Pública! He trabajado más de quince años para ellos, dando todo lo que tenía, mis fuerzas físicas y el poco o mucho talento que me otorgó la naturaleza y los años vividos. Confié en la palabra de la entonces Concejala de Cultura de que pronto se convertiría una especie de contrato basura que me hicieron provisionalmente en un puesto fijo en el Ayuntamiento. Iluso de mí, porque la basura permaneció año tras año y así hasta los once que un juez dictó sentencia a mi favor por considerar que después de dos años el ayuntamiento había cometido una ilegalidad tras otra conmigo y otros seudoautónomos que habían mantenido en la misma situación: ingenieros, arquitectos, sicólogos y demás. Eso, después de un intento de despido por parte de una advenediza, ex compañera de trabajo, que había conseguido el cargo de Alcaldesa gracias a sus pérfidas intrigas y a la desastrosa gestión de los politiquillos de turno.

Hace un año cumplí los sesenta y cinco y cuando creí poder comenzar un nuevo ciclo de mi vida, tal vez el último, entregado apasionada y totalmente a esas cosas que tú sabes he pospuesto tantos años: escribir, pintar, disfrutar de sol y la caricia del mar día tras día, sin la obligación de servir a unos amos por lo general ingratos, descubro que no han pagado una buena parte de las cuotas a la S.S., atrasos que habían de liquidarse desde el mismo día que comencé a trabajar para ellos. Cuando reclamo ante la funcionaria de turno, alega que una parte de esas cuotas, ¡nada menos que siete años!, han prescrito y no están obligados a pagarlas. Puede sonar a chiste, ¿no?, que la desidia o la incompetencia o, no quisiera pensarlo, la mala fe de unos supuestos compañeros y tal vez, de los políticos que los amparan, puedan condenar a un hombre que ha cumplido día a día con su trabajo, mucho más allá de la simple obligación, a vivir el resto de su vida en la miseria…

¿Es esta la política del embudo que nos toca vivir?

Si es así quiero denunciarlos por incompetentes, desaprensivos, miserables y manipuladores de las vidas y los bienes ajenos. Si la empresa es la que ha cometido el delito, ¿por qué se pena al trabajador mientras ella permanece impune?

Se castiga a la víctima y no al delincuente. ¡Hermoso país éste en que vivimos!

  Un abrazo muy fuerte.

©Antonio García Cánovas. Todos los derechos reservados

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